Me hablaste de viejos amores. Tus palabras estaban quebradas de principio a fin y yo sólo supe responder mezclando frases sin importancia. Me hablaste de nuevos amores con palabras lejanas. Yo observé, esperando. Y de mí finalmente se soltó una lágrima que rodó arrastrando recuerdos recientes.
El contacto de tus manos contenía suave dulzura y humedad. Tus brazos retuvieron las convulsiones, restos de desconsuelo. Ya no volviste a hablar, tus labios ahora eran ocupados por otros, los míos.
Ambos temblamos dibujando una sonrisa con nuestros cuerpos.